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Vocación y llamamiento · Discerniendo el llamado · 1 de 2

¿Cómo sé si Dios me está llamando al ministerio?

¿Será que Dios te llama a servirle de una manera especial? Este artículo explica, con palabras sencillas, la diferencia entre el llamado de todo creyente y un llamado específico, recorre historias de la Biblia, presenta los criterios del predicador John Wesley y sugiere pasos prácticos para empezar a descubrirlo con calma, acompañado por otras personas.

· Seminario Nazareno del Distrito Noroccidental · 7 min de lectura

En este artículo

¿Y si Dios me está pidiendo algo más?

¿Será que Dios me está pidiendo algo más que asistir los domingos? Es una pregunta que muchas personas se hacen en silencio. Tal vez disfrutas enseñar a los niños, o los demás te buscan cuando necesitan que alguien ore con ellos. Tal vez solo sientes una inquietud que no sabes explicar, y no tienes claro si es un llamado, un deseo sincero de servir o una etapa que pasará.

Esa duda no es mala señal. Con frecuencia es el comienzo de un camino en el que se busca la dirección de Dios con ayuda de otros.

Este artículo parte de la Biblia y de la fe cristiana. Si vienes de otra iglesia o apenas estás explorando, puedes leerlo como una explicación de cómo muchos cristianos entienden y examinan un llamado. No ofrece una fórmula infalible ni una lista de señales garantizadas, sino una ruta sencilla para empezar.

¿Todos somos llamados?

En la Biblia, ser llamado significa, ante todo, que Dios te invita a pertenecer a su pueblo y a participar en lo que él hace en el mundo. Ese llamado es para todos los creyentes: el Nuevo Testamento dice que forman un pueblo de sacerdotes (1 P 2:9) y que Dios reparte dones distintos para el bien de todos (Ro 12:4-8; 1 Co 12:4-7).1 Una maestra, un albañil, un enfermero o un ama de casa pueden vivir su trabajo como servicio a Dios.

Junto a ese llamado común, muchas personas sienten que Dios les pide algo más específico: dedicar su vida a servir a la iglesia, por ejemplo como pastores, maestros o misioneros. La Iglesia del Nazareno enseña que todos los creyentes son llamados a servir, y también que Cristo llama a algunos hombres y mujeres a un ministerio específico y público, que la iglesia reconoce y respalda.2 Cada iglesia suele tener sus propias formas de acompañar y reconocer a quienes sirven de ese modo. Lo que aquí se explica puede ayudarte a conversar con la tuya.

Por eso la pregunta no es solo «¿seré pastor?», sino: ¿cómo me pide Dios que lo sirva y cómo puedo confirmarlo con otras personas?

¿Cómo llama Dios en la Biblia?

Los relatos bíblicos muestran que no hay una sola manera de ser llamado. Conviene fijarse en tres cosas que no siempre aparecen juntas: Dios toma la iniciativa, la persona responde y, a veces, la comunidad confirma.

Moisés recibe el llamado junto a una zarza que arde y responde con objeciones: no se siente capaz y pide que Dios envíe a otro (Éx 3:1–4:17). Isaías ve al Señor en el templo, se reconoce indigno y es purificado antes de oír la pregunta: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?». Solo entonces responde: «Aquí estoy. ¡Envíame a mí!» (Is 6:1-8).3 Jeremías oye que Dios lo conocía desde antes de nacer y objeta que es demasiado joven (Jer 1:4-10). En estos relatos destacan la iniciativa de Dios y la respuesta de la persona; los pasajes no describen una confirmación de la comunidad.

En otros textos la comunidad sí aparece. El sacerdote Elí ayuda al niño Samuel a reconocer la voz que lo llama (1 S 3:1-10). En Antioquía, mientras la iglesia adoraba y ayunaba, el Espíritu pidió apartar a Bernabé y a Saulo, y la comunidad ayunó, oró y los envió (Hch 13:1-3). Los primeros discípulos fueron llamados de otras maneras: Jesús invita a unos pescadores en pleno trabajo (Mt 4:18-22) y, en el Evangelio de Juan, algunos lo siguen por el testimonio de otros (Jn 1:35-42).

Ninguna de estas experiencias es regla para todos. Lo que se repite es que Dios toma la iniciativa y que la persona necesita responder. La confirmación de la comunidad aparece en varios textos, y por eso conviene buscarla.

¿Qué decía John Wesley?

John Wesley fue un predicador inglés del siglo XVIII y líder de un gran avivamiento cristiano conocido como wesleyano o metodista. De esa tradición nace la Iglesia del Nazareno. Wesley no escribió un manual para descubrir una vocación, pero sí dejó preguntas prácticas que él y sus colaboradores se hacían en sus reuniones. En 1746 se preguntaron cómo examinar a quienes creían que Dios los llamaba a predicar.4 Eran personas que querían ayudar como predicadores en los grupos metodistas, un movimiento donde también predicaban laicos, es decir, personas que no eran clérigos.5

Pedían tres cosas. Gracia: que la persona conociera a Dios como un Dios que perdona, tuviera su amor en el corazón y viviera en santidad; es decir, una vida transformada. Dones: capacidades reales para la tarea, como entendimiento claro, buen juicio en las cosas de Dios y claridad al hablar. Para Wesley, la sinceridad era indispensable, pero no bastaba. Fruto: que hubiera personas convencidas de pecado y convertidas a Dios por su predicación; en un avivamiento, el fruto eran vidas cambiadas. Y no lo decidían a solas: conversaban con la persona, la escuchaban predicar, le pedían que explicara por qué creía ser llamada y consultaban a quienes decían haber sido alcanzados por su ministerio.6

Wesley afirmó que, si estas tres marcas coincidían, creían que Dios la había llamado a predicar.7 Aquí las presentamos como una guía, no como una fórmula infalible ni como un requisito de ninguna iglesia: invitan a mirar tu vida con Dios, tus capacidades y los efectos de tu servicio, siempre en compañía de otros. Esa aplicación es posterior a Wesley.

¿Cómo empiezo?

El llamado se descubre, y eso exige actuar, no solo esperar.

Orar y leer la Biblia. Orar no es solo pedir una señal; es permanecer atento y disponible. La Biblia te da el criterio para examinar lo que sientes (cf. 1 Jn 4:1).

Servir donde ya estás. Colaborar con los niños, visitar enfermos, enseñar o ayudar en el culto muestra tus dones y tus límites, y permite que tu comunidad te conozca. En una de sus cartas, Pablo pide que quienes van a asumir un servicio en la iglesia sean puestos a prueba primero (1 Ti 3:10).

Reconocer el deseo sin temerle. Pablo dice que quien aspira a la función de supervisión en la iglesia desea una tarea noble (1 Ti 3:1). Querer servir no es sospechoso, pero el texto sigue con una lista que habla de vida y carácter, no de ambición (1 Ti 3:2-7). El deseo es un buen punto de partida que necesita examen.

Cuidar el carácter y conocer tus dones. Las listas bíblicas para quienes sirven en la iglesia destacan las relaciones, el dominio propio, la honestidad y la madurez (1 Ti 3:2-7; Tit 1:5-9). No se pide perfección, sino disposición a crecer. En cuanto a los dones, Romanos 12:3 invita a pensar con sobriedad, sin sobrestimarse ni menospreciarse. Ayudan preguntas como: ¿qué hago con facilidad y resulta útil a otros?, ¿qué reconocen los demás en mí?

Pedir acompañamiento. Elí ayudó a Samuel (1 S 3:8-9) y la iglesia de Antioquía participó en el envío de Bernabé y de Saulo (Hch 13:1-3). Un pastor, un sacerdote, un mentor o una persona madura en la fe pueden hacerte preguntas que tú solo no te harías. También puede ayudarte escribir cuándo y cómo empezaste a sentir este llamado, y qué experiencias te hicieron pensar que Dios te hablaba.

¿Y si tengo dudas?

Dudar no es tener poca fe. En la Biblia, varias personas llamadas por Dios dudaron o necesitaron ayuda: Moisés se sintió incapaz, Jeremías habló de su juventud y Samuel no reconoció la voz (Éx 4:10-13; Jer 1:6; 1 S 3:4-9). Los textos no presentan esas dudas como motivo para descartarlos.

Algunas personas perciben el llamado poco a poco; otras atraviesan largos períodos de incertidumbre. No hay un plazo para entenderlo, y la presión, sobre todo la que presenta cualquier demora como desobediencia, no ayuda. A veces el camino lleva a descubrir que Dios llama a otra forma de servicio, y eso no es un fracaso.

¿Qué hago ahora?

Habla con alguien de confianza. Puede ser tu pastor, tu sacerdote o un líder espiritual de tu comunidad. No necesitas tener todo claro para empezar; basta con contar con sinceridad lo que estás viviendo. Si aún no formas parte de una iglesia, buscar una comunidad cristiana donde puedas servir y ser conocido es un buen primer paso.

No tienes que ir solo ni de prisa. El proceso suele ser gradual. Si te interesa conversar sobre este camino con la Iglesia del Nazareno, el Seminario Nazareno del Distrito Noroccidental puede ser un lugar para hacerlo.

Da un paso esta semana. Pregunta cómo puedes servir en tu iglesia: con los niños, visitando a personas, enseñando o donde haga falta. Servir y escuchar a tu comunidad te ayudará a ver con más claridad. El paso puede ser pequeño; lo importante es darlo acompañado.

Notas

  1. Romanos 12:4-8; 1 Corintios 12:4-7; 1 Pedro 2:9. Las referencias bíblicas se ofrecen en paráfrasis, según la Nueva Versión Internacional (NVI). Las citas textuales llevan comillas; las traducciones del inglés son propias. ↩︎
  2. Iglesia del Nazareno, Manual 2023 (s. l.: Casa Nazarena de Publicaciones, 2024), párr. 500, 164. ↩︎
  3. Isaías 6:8, NVI, https://www.bible.com/es/bible/128/ISA.6.8.NVI. ↩︎
  4. John Wesley, «Conference of 1746», en Minutes of Conference, vol. 1, reproducido en The Pamphlet Collection of Sir Robert Stout, vol. 1, New Zealand Electronic Text Collection, https://nzetc.victoria.ac.nz/tm/scholarly/tei-Stout01-t10-body-d1-d2.html; y Wesley, «Minutes of Several Conversations» (Large Minutes), pregunta 50, en Wesley Corpus, https://corpus.historyofmethodism.com/passage/jw-wesley-collected-works-vol-8-381 (texto colacionado con la edición de 1789, según la nota editorial del corpus). Paráfrasis y traducción propias. ↩︎
  5. Manual 2023, «Declaración histórica», 10. El texto menciona la herencia de la Reforma Inglesa y del avivamiento wesleyano del siglo XVIII, y su carácter de predicación de laicos. ↩︎
  6. Wesley, «Conference of 1746» y «Minutes of Several Conversations», pregunta 50 (véase la nota 4). ↩︎
  7. Wesley, «Minutes of Several Conversations», pregunta 50 (véase la nota 4). ↩︎

Bibliografía

Wesley

Iglesia del Nazareno

  • Iglesia del Nazareno. Manual 2023. Edición en español. S. l.: Casa Nazarena de Publicaciones, 2024. Publicado por autorización de la Trigésima Asamblea General, Indianápolis, 11-15 de junio de 2023.

Biblia

  • La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional (NVI). Biblica.

Para seguir leyendo

  • Los relatos bíblicos citados: Éxodo 3–4, 1 Samuel 3, Isaías 6, Jeremías 1 y Hechos 13.
  • Wesley, John. The Works of John Wesley. Vol. 10, The Methodist Societies: The Minutes of Conference. Editado por Henry D. Rack. Nashville: Abingdon Press, 2011. Edición crítica de las actas de las conferencias metodistas.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué experiencias concretas me han llevado a preguntarme si Dios me llama?
  2. ¿Qué dones reconocen en mí personas maduras de mi comunidad?
  3. ¿Con quién puedo conversar esta semana sobre lo que estoy viviendo?

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo querer servir a Dios que tener un llamado al ministerio?

No necesariamente. Todos los creyentes son llamados a servir, y ese llamado general puede distinguirse de un llamado a dedicar la vida al servicio de la iglesia. Un deseo de servir puede ser el comienzo de un camino de descubrimiento.

¿Necesito una experiencia extraordinaria para estar seguro?

No. Los relatos bíblicos muestran formas muy distintas: una visión, una voz que se reconoce con ayuda, una invitación junto al lago o el testimonio de otra persona.

¿Tengo que ser nazareno para usar estos criterios?

No. La oración, la Biblia, el servicio, el carácter y el acompañamiento de la comunidad son prácticas de cristianos de muchas tradiciones. Cada iglesia suele tener sus propias formas de reconocer y acompañar un llamado, y conviene preguntar por las de la tuya.

¿Qué pasa si las personas de mi comunidad no ven lo mismo que yo?

Puede ser una invitación a seguir madurando, a preguntar qué ven en ti y a conversar con otras personas de confianza. El camino suele ser gradual, y escuchar a otros forma parte de él.

¿Puedo explorar el llamado sin comprometerme a ser ministro?

Sí. Es un camino de descubrimiento, y el servicio y la oración pueden dar claridad sin obligarte a decidir antes de tiempo.

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