Saltar al contenido
Entrar a CONECTAReinscribirme

Teología wesleyana · Discerniendo el llamado · 3 de 3

¿Cómo distinguía John Wesley un verdadero llamado?

Cuando los primeros predicadores laicos del metodismo empezaron a multiplicarse, Wesley y sus colaboradores necesitaron una manera de examinarlos. La respuesta quedó escrita en tres preguntas sobre la gracia, los dones y el fruto. Este artículo estudia su origen, su sentido en el siglo XVIII y sus límites, y distingue lo que Wesley escribió de lo que hoy se le atribuye.

· Seminario Nazareno en el Distrito Noroccidental · 20 min de lectura

En este artículo

Introducción: una pregunta que Wesley no podía eludir

Hacia 1740, el movimiento metodista tenía un problema práctico. Había cada vez más personas que predicaban sin haber sido ordenadas, y alguien tenía que decidir quiénes podían seguir haciéndolo. No bastaba con que la persona dijera que Dios la había llamado. Tampoco bastaba con que a la gente le gustara cómo hablaba.

La respuesta que Wesley y sus colaboradores fueron afinando en sus conferencias anuales tiene una forma muy simple: tres preguntas, que suelen resumirse como gracia, dones y fruto. Hoy se citan con frecuencia, a veces como si fueran un examen universal para saber si alguien tiene vocación. Este artículo plantea otra pregunta, más modesta y más histórica: ¿qué estaban haciendo realmente Wesley y sus colaboradores cuando examinaban a alguien que decía sentirse llamado a predicar?

Para responderla seguimos las fuentes primarias que pudimos consultar: las Minutes of Several Conversations (las actas de las conferencias metodistas, conocidas en su versión ampliada como Large Minutes), en particular la pregunta 50, y algunas cartas de Wesley. No repetimos las definiciones básicas del primer artículo de la colección; nos concentramos en cómo pensaba y actuaba Wesley. 1

El contexto: predicadores sin ordenación en una iglesia con reglas

Para entender los tres criterios hay que recordar de dónde venían. Wesley era sacerdote de la Iglesia de Inglaterra y, hasta 1739, no había promovido la predicación de personas sin ordenar. Su hermano Charles era incluso más reticente: en mayo de 1739 anotó en su diario que, ante el debate sobre la predicación laica en Londres, él y George Whitefield se habían declarado en contra. 2

Las cosas cambiaron de forma gradual. Se suele decir que el primer predicador laico del metodismo fue John Cennick, en Kingswood (1739), y que Thomas Maxfield, a quien Wesley dejó a cargo de la Fundición (Foundery) en Londres, empezó a predicar por iniciativa propia poco después; las fechas varían según los autores, entre 1740 y 1742. 3 La tradición cuenta que Wesley volvió molesto y que su madre, Susanna, le dijo que tuviera cuidado con lo que hacía, porque aquel joven estaba tan llamado a predicar como él, y que examinara el fruto de su predicación y lo escuchara. 4 Esta anécdota es muy citada; conviene recordar que aquí la conocemos por relatos posteriores, no por un documento de la época que hayamos podido consultar.

Con los años, los colaboradores de Wesley (a quienes llamaba helpers, «ayudantes») fueron decenas. Para ordenar el trabajo, Wesley empezó a reunir cada año a una conferencia de predicadores. La primera, en junio de 1744, reunió a los hermanos Wesley, a otros clérigos anglicanos y a cuatro predicadores laicos. 5 Una de sus preguntas ya muestra el problema de fondo: si los predicadores estaban siendo vigilados de manera suficiente. 6

Hay tres cosas que sostienen todo lo que sigue.

  1. Un propósito concreto. Las actas dicen que Dios había levantado a los predicadores llamados metodistas no para formar una secta nueva, sino para reformar la nación, en particular la Iglesia, y extender la santidad bíblica por el país. 7
  2. Una necesidad pastoral. En una carta de 1756, Wesley explicó que había permitido que hermanos a quienes creía llamados y capacitados por Dios consolaran, exhortaran e instruyeran a quienes buscaban a Dios, porque la obra que Dios había comenzado en muchas almas corría peligro. Además, los que querían escuchar eran muchos y los que podían hacerlo eran pocos. 8
  3. Un límite claro. Ser llamado a predicar no equivalía a ser ordenado ni a administrar los sacramentos. Wesley recordó más tarde que, en 1744, ninguno de los predicadores pensó que su llamado a predicar les diera derecho a administrarlos. 9

En otras palabras: los tres criterios no nacieron como un examen vocacional general. Nacieron para decidir, dentro de un movimiento en crecimiento, quién podía predicar con la autorización de Wesley.

El texto: la pregunta 50

En la versión ampliada de las actas (Large Minutes), la pregunta 50 dice, en traducción propia:

P. 50. ¿Cómo examinaremos a quienes piensan que el Espíritu Santo los mueve a predicar?

R. Averigüen: (1) ¿Conocen a Dios como un Dios que perdona? ¿Permanece en ellos el amor de Dios? ¿No desean ni buscan nada sino a Dios? ¿Y son santos en toda su manera de vivir? (2) ¿Tienen dones (además de gracia) para la obra? ¿Tienen, en algún grado tolerable, un entendimiento claro y sano? ¿Tienen un juicio recto en las cosas de Dios? ¿Tienen una idea justa de la salvación por la fe? ¿Les ha dado Dios algún grado de expresión? ¿Hablan con propiedad, con soltura y con claridad? (3) ¿Tienen fruto? ¿Hay personas verdaderamente convencidas de pecado y convertidas a Dios por su predicación? Mientras estas tres marcas coincidan en alguien, creemos que Dios lo ha llamado a predicar. Las recibimos como prueba suficiente de que el Espíritu Santo lo mueve a ello. 10

Tres observaciones sobre el texto antes de analizarlo.

Primera: la numeración depende de la edición. El número 50 corresponde a la edición reimpresa en las Works de Wesley preparadas por Thomas Jackson. La misma respuesta aparece con otra numeración en ediciones posteriores de las actas; una de ellas, catalogada como de 1779, incluye acuerdos de 1794 y 1797, por lo que no puede ser de Wesley. 11 Quien cite «la pregunta 50» debe indicar siempre qué edición usa.

Segunda: el origen está en 1746. Una nota del Libro de Disciplina de 1992 de la Iglesia Metodista Unida afirma que Wesley formuló estas preguntas por primera vez en la tercera conferencia de predicadores, en 1746. Una obra metodista antigua ubica el texto bajo el título «Conferencia de 1746» y añade una segunda pregunta: cómo saber si las tres marcas coinciden en una persona concreta. Su respuesta incluye examinar a quienes parecen haber sido convencidos de pecado o convertidos a Dios por su predicación. 12

Tercera: la frase final es prudente. Wesley no dice que estas marcas causen el llamado ni que lo definan para siempre. Dice que, mientras coincidan, ellos creen que Dios llama a esa persona y que lo reciben como prueba suficiente. Es un lenguaje de discernimiento práctico, no de certeza metafísica.

Primera marca: la gracia

La primera serie de preguntas no habla todavía de predicar. Pregunta por la vida con Dios: si la persona conoce a Dios como un Dios que perdona, si el amor de Dios permanece en ella, si no desea ni busca nada sino a Dios, y si es santa en toda su manera de vivir. 10

Conviene leer cada pregunta despacio.

  • «Conocer a Dios como un Dios que perdona». No se pregunta si la persona acepta ciertas ideas sobre Dios, sino si ha tenido una experiencia personal del perdón. Eso refleja el centro de la predicación metodista, que anunciaba el perdón y la nueva vida como algo que se recibe. Las actas no entran aquí en detalles sobre cómo debía expresarse esa experiencia; es un punto que los propios metodistas discutieron en otros textos, y que este artículo no puede resolver.
  • «El amor de Dios permanece en ella». El verbo importa: no basta un momento de entusiasmo; se busca algo que dure.
  • «No desea ni busca nada sino a Dios». Es una pregunta sobre el rumbo del corazón, es decir, sobre qué mueve a la persona a querer predicar, y no sobre la ausencia de fallas.
  • «Santa en toda su manera de vivir». En el inglés de la época, conversation significaba el modo de conducirse en la vida, y no solo el hablar. 13 Por eso traducimos «manera de vivir». La pregunta, por tanto, apunta a la coherencia entre lo que la persona dice y cómo vive.

Hay dos matices importantes.

Primero, la gracia es una condición de partida, no un premio al final. Cuando las actas describen cómo recibir a un nuevo ayudante, preguntan si la persona tiene fe en Cristo, si está avanzando hacia la perfección y si espera ser perfeccionada en el amor en esta vida. 14 Es una pregunta sobre dirección y expectativa, no un título de perfección ya alcanzada. Quien lea la pregunta 50 como una exigencia de impecabilidad estará leyendo más de lo que dice el texto.

Segundo, la autodescripción no bastaba. Wesley desconfiaba de quienes decían tener una gracia que no tenían. En su sermón sobre el entusiasmo describe, como primera clase de este error, el de quienes se imaginan poseer gracia que no poseen. 15 Esto ayuda a entender por qué la pregunta termina en la vida visible («toda su manera de vivir»): la experiencia interior que alguien afirma debía poder verse en su conducta.

En términos bíblicos, esta marca dialoga con textos como 1 Juan 4:1 (probar los espíritus) y Gálatas 5:22-23 (el fruto del Espíritu). Son referencias del artículo, no citas de Wesley en la pregunta 50.

Segunda marca: los dones

El segundo bloque comienza con una frase que a veces se pasa por alto: «¿Tienen dones (además de gracia) para la obra?». El paréntesis es decisivo. Wesley y sus colaboradores trataban la gracia y los dones como cosas distintas. Una persona puede amar a Dios sinceramente y no tener las capacidades que pide el trabajo de predicar; y puede tener facilidad de palabra sin la vida con Dios que la sostenga. Las dos cosas debían estar presentes. 10

Los dones que la pregunta enumera son de tipo práctico:

  • Un entendimiento claro y sano, y esto «en algún grado tolerable». La expresión señala un umbral modesto: no se pide erudición, sino capacidad de comprender y razonar con sensatez.
  • Un juicio recto en las cosas de Dios. Es la capacidad de distinguir lo que corresponde al evangelio de lo que no, y de no dejarse llevar por impresiones o por modas.
  • Una idea justa de la salvación por la fe. Esta es la única pregunta con contenido doctrinal explícito: se esperaba que quien predicara pudiera explicar el mensaje central del movimiento. Aquí se ve que el examen no era solo del corazón, sino también de la enseñanza.
  • Expresión. Wesley pregunta si Dios les ha dado «algún grado de expresión» y concreta: si hablan con propiedad, con soltura y con claridad. Era una evaluación de la capacidad de comunicar.

Tres observaciones sobre este criterio.

No se exige formación académica formal. El texto no menciona títulos ni estudios. Esto no significa que Wesley despreciara el estudio (él mismo era un erudito de Oxford), pero sí que en esta pregunta el criterio es la capacidad demostrada, no el diploma.

Nadie lo tiene todo. En su carta de 1756 a Samuel Walker, Wesley reconoce que cada predicador tiene un talento distinto y que no conoce a nadie que reúna todos los que hacen falta para iniciar, continuar y perfeccionar la obra de gracia en una congregación entera. 8 Por eso defendía que los predicadores rotaran. Los dones, entonces, se evaluaban para una tarea concreta y dentro de un equipo, no como un perfil ideal de persona.

«Dones» no significa aquí lo mismo que en una lista espiritual moderna. La pregunta 50 habla de capacidades para predicar. Las listas bíblicas de dones (por ejemplo, Romanos 12:6-8, 1 Corintios 12:4-11 y Efesios 4:11-12) pueden iluminar el tema, pero Wesley no las cita en este lugar; usarlas aquí es un paso del artículo, y no un dato de las actas.

Tercera marca: el fruto

La tercera pregunta cambia de dirección. Las dos primeras miran a la persona; esta mira a quienes la escuchan: «¿Hay personas verdaderamente convencidas de pecado y convertidas a Dios por su predicación?». 10

Tres rasgos de esta pregunta merecen atención.

Es un criterio que otros pueden comprobar. Ni la persona ni Wesley podían certificar el fruto con solo mirar hacia adentro. Había que preguntar a los oyentes. De hecho, el texto de 1746 que citan las fuentes secundarias indica que se examinaría a quienes parecían haber sido convencidos de pecado o convertidos por esa predicación. 12 La tradición sobre Maxfield dice lo mismo en forma de relato: Susanna Wesley no le pidió a su hijo que decidiera por impresión, sino que mirara el fruto y escuchara al joven. 4

El fruto no se mide por la multitud, el aplauso o la intensidad emocional. Las dos palabras que usa el texto, «convencidas de pecado» y «convertidas a Dios», hablan de un cambio en la manera de vivir. Es decir, el fruto es obra de Dios en las personas, no un resultado que el predicador produce con su técnica.

Fruto implicaba permanencia dentro de una comunidad. En otro punto de las actas, los metodistas se preguntan si conviene predicar en tantos lugares como se pueda sin formar sociedades (grupos de seguimiento). Responden que no: lo han probado y la semilla cayó «junto al camino», sin que quede apenas fruto. 16 En el mismo lugar se pregunta dónde predicar más, y una de las respuestas es: donde haya más fruto. Así, para Wesley, el fruto no era solo una reacción pasajera, sino lo que permanece cuando hay acompañamiento.

El fruto, además, funcionaba como una brújula para el movimiento entero: decidía a quién se autorizaba y dónde se concentraba el esfuerzo. Esto explica por qué en las actas tiene tanto peso. En términos bíblicos resuena con Mateo 7:16-20 («por sus frutos los conocerán»); de nuevo, es una referencia del artículo, no de la pregunta 50.

Hay un límite que Wesley mismo marcó con la fórmula final: las tres marcas deben coincidir. El fruto sin gracia ni dones no autorizaba a nadie, y la gracia sin fruto tampoco. 10

Cómo se examinaba: conversación, conferencia y comunidad

La pregunta 50 no es un formulario. Empieza con una orden («Averigüen») y todo lo que sigue son preguntas. Examinar era, antes que nada, conversar y observar. Con lo que se conserva en las fuentes podemos reconstruir al menos cinco momentos, aunque no sabemos con qué regularidad se seguían ni cómo variaban de un lugar a otro.

1. Observación previa. Normalmente la persona ya estaba predicando o exhortando, y por eso había fruto que examinar. El caso de Maxfield sigue ese patrón: primero predica, después Wesley lo escucha y observa lo ocurrido. 4 En ediciones posteriores de las actas aparece una fórmula que se entregaba al candidato: «Piensas que es tu deber llamar a los pecadores al arrepentimiento. Pon a prueba esto plenamente, y nos alegraremos de recibirte como colaborador». 11 No podemos asegurar que esa fórmula sea de la época de Wesley, porque la edición en la que la leímos es posterior a su muerte.

2. Preguntas sobre las tres marcas. Son las de la pregunta 50, planteadas a la persona y, según el texto de 1746, también a quienes la habían oído. 10 12

3. Recepción en la Conferencia. La pregunta 51 describe cómo recibir a un nuevo ayudante: en una conferencia, tras ayuno y oración solemnes, con la persona presente. Se le plantea una serie de preguntas: si tiene fe en Cristo, si va avanzando hacia la perfección, si está resuelta a entregarse del todo a Dios y a su obra, si conoce el plan metodista, si conoce y practica las reglas de las sociedades y de las bandas, si lee y acepta las actas de la Conferencia, si predicará mañana y tarde, instruirá a los niños, visitará de casa en casa y recomendará el ayuno, y si tiene deudas o compromisos matrimoniales. 14

Este punto aclara algo importante. La pregunta 50 y la 51 responden a preguntas distintas. La 50 pregunta si Dios parece estar llamando a la persona. La 51 pregunta si, siendo así, está dispuesta a trabajar bajo la disciplina del movimiento. La primera trata del llamado; la segunda, del servicio ordenado dentro de una conexión.

4. Vigilancia continua. El examen no terminaba con la recepción. Ya en 1744 la Conferencia se preguntó si vigilaban lo bastante a sus ayudantes. 6 Un autor metodista del siglo XIX afirma, además, que cada predicador era examinado «uno por uno» en cada Conferencia anual, y atribuye la práctica a Wesley. 17

5. Evaluación comunitaria. Hay tres formas de participación de la comunidad que sí aparecen en las fuentes.

  • Los oyentes. El fruto se comprueba preguntando a quienes escucharon. 12
  • Los compañeros de trabajo. Un colaborador conocía al candidato en la práctica; las ediciones posteriores exigen la recomendación de la gente entre quienes trabajó y de los predicadores que trabajaron con él. 11
  • Las estructuras locales. Las ediciones posteriores describen un camino por etapas: haber sido miembro de la sociedad durante un tiempo considerable, haber actuado como predicador local, ser recomendado por la reunión trimestral, luego por la del distrito y finalmente por la Conferencia, con cuatro años de prueba antes de la plena conexión. 11 Ese camino se formalizó después de Wesley; aparecen en él decisiones de 1797.

Conviene no exagerar el carácter «democrático» de este proceso. Un diccionario biográfico clásico resume que Wesley consolidó el movimiento con las conferencias, pero conservó un poder de dirección sin control y que la elección de quiénes eran invitados dependía de él. 18 La comunidad testificaba sobre el fruto, pero la autorización final dependía de Wesley y de la Conferencia que él presidía. Y no todos estaban de acuerdo: Charles Wesley, por ejemplo, intentó años después que se establecieran regulaciones más estrictas sobre los predicadores laicos, sin conseguir, según su propio testimonio, que su hermano las aceptara. 19

Lo que estos criterios no eran

El peligro de un texto tan citado es que se le pidan cosas que no puede dar. Con base en lo que dicen las fuentes, estos criterios no eran:

  • Un examen universal para saber si alguien tiene vocación. Se aplicaban a quienes ya predicaban o querían hacerlo en el movimiento metodista, bajo la autoridad de Wesley. No se formularon para toda persona que se pregunta por su vocación, ni para toda forma de servicio cristiano.
  • Una prueba psicológica. No hay en las preguntas ninguna medición de personalidad, temperamento o aptitud. Se pregunta por la relación con Dios, por la capacidad mostrada y por los resultados observados, y se recogen mediante conversación y observación.
  • Un mecanismo que fabrica o certifica el llamado. Para Wesley había un llamado interior y uno exterior (humano), y quería ambos; pero decía que, de faltar uno, prefería la ausencia del exterior a la del interior. 8 Las marcas servían para reconocer un llamado, no para producirlo.
  • Un camino ordinario. Wesley consideraba extraordinaria la situación de los predicadores laicos. Según estudios modernos, usó expresamente la expresión «llamado extraordinario» al autorizar a mujeres como Sarah Crosby en 1771 y creía que todos sus predicadores laicos lo tenían. 20 Esto sugiere que las marcas se aplicaban en un marco de excepción, no en el curso normal de la vida eclesial.
  • Una vía hacia la ordenación o los sacramentos. Wesley sostuvo que el llamado a predicar no daba derecho a administrarlos. 9
  • Un veredicto definitivo. Según un autor metodista tardío, Wesley pensaba que alguien podía ser llamado a predicar y luego perder ese llamado por infidelidad. 17
  • Una norma de una denominación actual. Este artículo describe lo que Wesley escribió y practicó en el siglo XVIII. No establece reglas para ninguna iglesia hoy, incluida la Iglesia del Nazareno, cuyos procesos se regulan por sus propios documentos oficiales.

Lo que escribió Wesley y lo que se hace hoy: diferencias que conviene señalar

Las tres marcas siguen vivas. Una versión del Libro de Disciplina de la Iglesia Metodista Unida (edición de 1992) las presenta como «preguntas de Wesley para los examinadores» de quienes aspiran al ministerio ordenado. 12 Y la Iglesia Wesleyana, en la versión en línea de su disciplina que consultamos, habla de examinar los «dones, gracias y utilidad» de quien solicita una licencia como ministro laico. 21 Son ejemplos de un uso real y respetable, pero distinto del original. La tabla compara el texto de Wesley con prácticas actuales descritas en términos generales; no describe el proceso de ninguna denominación en particular.

Aspecto En Wesley (según las fuentes consultadas) En muchas prácticas actuales (descripción general) Diferencia que conviene notar
Qué se autoriza Predicar, como colaborador de Wesley y en conexión con él Ministerios con licencia u ordenación, a menudo con funciones sacramentales Wesley no examinaba para ordenar ni para administrar sacramentos 9
Quién examina Wesley y la Conferencia de predicadores, con autoridad concentrada en él 18 Comisiones, juntas o comités, con reglamentos escritos Mayor formalización y reparto de la autoridad
Gracia Preguntas sobre el perdón, el amor de Dios y la manera de vivir 10 Entrevistas, testimonios, referencias pastorales Hoy suele quedar por escrito y suele incluir a terceros
Dones Entendimiento, juicio, doctrina de la salvación por la fe y expresión, con umbral modesto 10 Estudios teológicos, evaluaciones académicas, prácticas; en algunos casos, evaluaciones psicológicas Wesley no usaba instrumentos de medición psicológica ni exigía títulos en esta pregunta
Fruto Personas convencidas de pecado y convertidas por la predicación 10 El servicio pastoral y los resultados en la vida de una congregación El contexto de un movimiento de avivamiento es distinto del de una iglesia establecida
Comunidad Los oyentes, los compañeros predicadores y, después de Wesley, las reuniones locales y de distrito 11 12 Congregación, pastor, distrito y órganos de la denominación Hoy la participación suele estar reglamentada y no depende de una sola persona
Tiempo Prueba práctica, recepción en la Conferencia y examen continuo 14 17 Procesos que pueden durar varios años Wesley no describe un plan de estudios, sino un tiempo de prueba en el trabajo
Alcance Predicadores del movimiento metodista Personas que se preguntan por su vocación en general Aplicar los criterios a toda vocación es una extensión que Wesley no hizo

¿Qué podemos aprender hoy de la manera en que Wesley examinaba el llamado?

A continuación presentamos algunas lecciones. Son reflexiones pastorales del artículo, no afirmaciones de Wesley, y se basan en los límites que acabamos de ver.

  1. El llamado se discierne con otros. Wesley prefería el llamado interior, pero no confiaba únicamente en él: preguntaba, escuchaba a los oyentes y esperaba el juicio de sus compañeros. 8 12 Quien siente un llamado hace bien en no decidirlo a solas.
  2. Primero la vida con Dios; después las capacidades. El orden de las marcas no es casual. Los dones aparecen «además de gracia», y el fruto se evalúa junto con las otras dos. 10 Una persona con mucho talento y sin vida con Dios, o con mucha piedad y sin ninguna capacidad para la tarea, no cumplía lo que Wesley pedía.
  3. Las capacidades son para una tarea concreta, y nadie las tiene todas. Wesley reconoció que ningún predicador reúne todos los talentos y defendió el trabajo en equipo. 8 Esto invita a la humildad, tanto de quien se examina como de quien examina.
  4. El fruto lo ven otros y llega con el tiempo. No es lo mismo fruto que éxito visible, y Wesley lo asociaba con personas transformadas y acompañadas dentro de una comunidad. 16
  5. El criterio es práctico y provisional. Wesley escribió «mientras estas marcas coincidan, creemos». Es lenguaje de discernimiento humilde, abierto a revisión, y no de certeza definitiva. 10
  6. Cuidado con convertir las marcas en examen. La pregunta 50 se creó para una situación concreta y fue usada por Wesley con una autoridad personal que hoy tendría que estar acompañada de salvaguardas. Quien adapte estas preguntas debe explicar qué cambia y qué se mantiene.

La respuesta más fiel a Wesley quizá sea esta: no se trataba de aprobar a una persona, sino de reconocer, con oración y con otros, lo que Dios ya parecía estar haciendo en ella.

Notas

  1. John Wesley, «Minutes of Several Conversations between the Rev. Mr. Wesley and Others, from the Year 1744 to the Year 1789» (Large Minutes), en The Works of John Wesley, ed. Thomas Jackson, vol. 8. Texto en transcripción en línea del Wesley Corpus (corpus.historyofmethodism.com), cuya nota editorial indica que reproduce un ejemplar de 1791 cotejado con la edición de 1789. ↩︎
  2. Charles Wesley, entrada del 1 de mayo de 1739, The Journal of Charles Wesley, en Wesley Center Online (wesley.nnu.edu), «May 1 – August 31, 1739». ↩︎
  3. Fechas de Cennick (junio de 1739) y de Maxfield (1741 o 1742): artículo del Christian Graduate 17, n.º 2 (archivo en gospelstudies.org.uk) y Daniel P. Kidder, «Ministerial Education and Training in the Methodist Episcopal Church», Bibliotheca Sacra (1876), p. 558 según el nombre del archivo Las fuentes no coinciden entre sí. ↩︎
  4. Relato de Susanna Wesley sobre Maxfield: Kidder, art. cit., y Samuel Manning, John Wesley, versión en victorianweb.org Ambos autores reproducen las palabras de Susanna como tradición. ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3
  5. Primera conferencia (junio de 1744): Dictionary of National Biography, vol. 60, entrada «Wesley, John» (versión de Wikisource), y Manning, John Wesley, que nombra a los asistentes (los Wesley, John Hodges, Henry Piers, Samuel Taylor, John Meriton, Thomas Richards, Thomas Maxfield, John Bennet y John Downes). ↩︎
  6. Pregunta de 1744 «¿Vigilamos lo bastante a nuestros ayudantes?»: citada en un libro metodista antiguo en la colección digital del Stout Research Centre (nzetc.victoria.ac.nz, capítulo «The Wesleyan Conference»), que remite a Minutes of Conference, vol. 1, p. 16. ↩︎1 ↩︎2
  7. Large Minutes, P. 3 (Wesley Corpus, passage jw-wesley-collected-works-vol-8-353). ↩︎
  8. John Wesley, carta a Samuel Walker, Kingswood, 3 de septiembre de 1756 (Wesley Corpus, «B 15 To Samuel Walker»). El corpus advierte que la transcripción proviene de un texto de dominio público y aún no está cotejada con un escaneo. ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3 ↩︎4 ↩︎5
  9. Wesley, sermón n.º 115, párr. 11 (Wesley Corpus, passage jw-sermon-115-006). ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3
  10. Large Minutes, P. 50 (Wesley Corpus, passage jw-wesley-collected-works-vol-8-381). Texto original: «50. How shall we try those who think they are moved by the Holy Ghost to preach? A. Inquire, (1.) Do they know God as a pardoning God? Have they the love of God abiding in them? Do they desire and seek nothing but God? And are they holy in all manner of conversation? (2.) Have they gifts (as well as grace) for the work? Have they (in some tolerable degree) a clear, sound understanding? Have they a right judgment in the things of God? Have they a just conception of salvation by faith? And has God given them any degree of utterance? Do they speak justly, readily, clearly? (3.) Have they fruit? Are any truly convinced of sin, and converted to God, by their preaching? As long as these three marks concur in any one, we believe he is called of God to preach. These we receive as sufficient proof that he is "moved thereto by the Holy Ghost."» La traducción al español es propia. ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3 ↩︎4 ↩︎5 ↩︎6 ↩︎7 ↩︎8 ↩︎9 ↩︎10 ↩︎11
  11. Minutes of Several Conversations between the Rev. John Wesley, A.M., and the Preachers in Connexion with him. Containing the Form of Discipline… (Londres: G. Whitfield, catalogada como 1779), § III («Method of trying Candidates for the Ministry»), pp. 2–4; reproducción de Google Books en wesleyscholar.com. La edición contiene acuerdos de 1794 y 1797, de modo que es posterior a Wesley. ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3 ↩︎4 ↩︎5
  12. Conferencia de 1746: (a) The Book of Discipline of The United Methodist Church (1992), ¶ 403, nota 3, en catalog.gcah.org (edición antigua); (b) pasaje «Conference of 1746» en el libro metodista antiguo citado en la nota 6; (c) Minutes of the Methodist Conferences, vol. 1 (Londres: Wesleyan Conference Office, 1862), cuyo índice sitúa las conferencias de Bristol de 1746. El texto original de 1746 no fue consultado. ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3 ↩︎4 ↩︎5 ↩︎6 ↩︎7
  13. Sentido de conversation como «conducta» en el inglés del siglo XVIII: dato de uso histórico del idioma. ↩︎
  14. Large Minutes, P. 51 (Wesley Corpus, passage jw-wesley-collected-works-vol-8-381). ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3
  15. John Wesley, «The Nature of Enthusiasm», § 13, texto en sermonindex.net (PDF). ↩︎
  16. Large Minutes, P. 5 y 6 (Wesley Corpus, passage jw-wesley-collected-works-vol-8-353). ↩︎1 ↩︎2
  17. Libro metodista antiguo citado en la nota 6 (capítulos con pasajes sobre el examen personal anual de los predicadores y sobre las conferencias de 1835). Fuente secundaria y tardía. ↩︎1 ↩︎2 ↩︎3
  18. Dictionary of National Biography, vol. 60, entrada «Wesley, John» (ver nota 5). ↩︎1 ↩︎2
  19. Charles Wesley a Samuel Walker, 21 de agosto de 1756, Bridwell Library (bridwell.omeka.net). ↩︎
  20. Artículo en Oxford Institute of Methodist Theological Studies (2007), archivo «2007-4-wood.pdf»; y «The Extraordinary History of the Extraordinary Call», CBE International (cbeinternational.org). Ambos remiten a Wesley y a Mary Bosanquet (carta de 1771). Las cartas originales no fueron consultadas. ↩︎
  21. Discipline of The Wesleyan Church, ¶ 3410 (discipline.wesleyan.org). ↩︎

Bibliografía

Fuentes primarias consultadas (en transcripciones en línea)

  • Wesley, John. «Minutes of Several Conversations between the Rev. Mr. Wesley and Others, from the Year 1744 to the Year 1789» (Large Minutes). En The Works of John Wesley, ed. Thomas Jackson, vol. 8. Texto del Wesley Corpus.
  • Wesley, John. Carta a Samuel Walker, Kingswood, 3 de septiembre de 1756. Wesley Corpus.
  • Wesley, John. «The Nature of Enthusiasm». Texto en sermonindex.net.
  • Wesley, Charles. The Journal of Charles Wesley. Wesley Center Online.
  • Minutes of Several Conversations between the Rev. John Wesley, A.M., and the Preachers in Connexion with him. Londres: G. Whitfield, [s. f.; catalogada como 1779, pero posterior a 1797].

Fuentes secundarias y de referencia

  • Dictionary of National Biography, vol. 60, entrada «Wesley, John».
  • Kidder, Daniel P. «Ministerial Education and Training in the Methodist Episcopal Church». Bibliotheca Sacra (1876).
  • Manning, Samuel. John Wesley.
  • Minutes of the Methodist Conferences, vol. 1. Londres: Wesleyan Conference Office, 1862.
  • The Book of Discipline of The United Methodist Church (1992), ¶ 403.
  • Discipline of The Wesleyan Church, ¶ 3410.
  • Artículos del Oxford Institute (2007) y de CBE International sobre el «llamado extraordinario».

Literatura académica recomendada

  • Baker, Frank. John Wesley and the Church of England. Londres: Epworth Press, 1970.
  • Heitzenrater, Richard P. Wesley and the People Called Methodists. Nashville: Abingdon Press. Una guía de curso remite a las pp. 163–171 sobre la «conexión».
  • Rack, Henry D. Reasonable Enthusiast: John Wesley and the Rise of Methodism. Londres: Epworth Press, 1989 (existe una 3.ª edición).
  • Webster, Robert, ed. Perfecting Perfection: Essays in Honour of Henry D. Rack. El capítulo de Philip Meadows sobre los relatos autobiográficos de los predicadores metodistas es pertinente.
  • Telford, John, ed. The Letters of John Wesley. Londres: Epworth Press. Para contrastar la carta de 1756 y las cartas de 1771.

Lecturas relacionadas dentro de la colección

Preguntas para reflexionar

  1. Wesley no se fiaba de la sola experiencia personal ni de la sola aprobación de otros. ¿Qué personas, en tu vida o en tu iglesia, podrían ayudarte a poner a prueba tu sentir con honestidad?
  2. Entre la gracia, los dones y el fruto, ¿cuál te resulta más fácil de evaluar en ti mismo y cuál más difícil? ¿Por qué?
  3. ¿Qué diferencia hay entre el fruto que Wesley buscaba y el éxito visible? ¿Cómo distinguirlos en tu contexto?
  4. ¿Qué salvaguardas necesita hoy un proceso de discernimiento para que ninguna persona tenga un poder excesivo sobre la vida de otra?

Sigue leyendo

Vocación y llamamiento

¿Cómo sé si Dios me está llamando al ministerio?

¿Será que Dios te llama a servirle de una manera especial? Este artículo explica, con palabras sencillas, la diferencia entre el llamado de todo creyente y un llamado específico, recorre historias de la Biblia, presenta los criterios del predicador John Wesley y sugiere pasos prácticos para empezar a descubrirlo con calma, acompañado por otras personas.

Vocación y llamamiento

¿Dios llama a todos los cristianos?

Dios llama a todos los cristianos, no solo a quienes serán pastores. Este artículo explica qué significa ese llamado general a seguir y servir a Cristo, cómo se distingue de un llamado particular a ciertas responsabilidades, y por qué tu trabajo, tu familia y tu iglesia local son lugares reales de vocación, aunque nunca te dirijas a un ministerio oficial.